El anuncio del Tren Interurbano entre San Luis y Soledad representa, sin duda, el proyecto de infraestructura más ambicioso de la administración actual. Pero convendría recordar que la movilidad metropolitana no se resuelve con una sola obra emblemática: es un sistema de decisiones acumuladas durante décadas.
Cuando en 2008 se inauguró el Libramiento Norte, se prometió descongestionar el centro histórico. Diecisiete años después, los tiempos de traslado desde la Zona Industrial hasta el primer cuadro superan, en horas pico, los 75 minutos. La razón es simple: construimos más calles pero no rediseñamos el transporte público.
Tres ejes urgentes
Primero, una autoridad metropolitana de transporte con capacidad real de regular rutas, tarifas y concesiones. Segundo, la priorización de carriles exclusivos para autobuses antes que kilómetros adicionales de vialidad primaria. Tercero, un plan de ciclovías conectado, no los tramos dispersos que hoy terminan abruptamente en colonias de alta demanda.
El Tren Interurbano será un gran catalizador si sus estaciones se integran a rutas alimentadoras eficientes. Si no, será un tren vacío.
Columna de ejemplo — El Informador del Centro.